Los transportes de mercancía en sudamérica

La política comercial de la región, ya sea orientada hacia el interior o hacia el exterior, se ha centrado tradicionalmente en la eliminación de los obstáculos arancelarios y no arancelarios. Por mucho tiempo ha sido este un elemento considerado como el catalizador que mejoraría el comercio regional y su efecto en la economía en general. La facilitación del comercio, sin embargo, y en particular la que tiene que ver con los costos del transporte, desde hace mucho se ignora dentro de la agenda regional que tiene que ver con el comercio. Los últimos años han sido testigos de un desarrollo dinámico y de envergadura en el comercio internacional, y con la apertura de las economías a la expansión de las cadenas de suministro, la corriente de la globalización ha demostrado su carácter intensivo en cuanto a transporte. Esta realidad se ha hecho más evidente en el desarrollo y los cambios ocurridos en los sistemas de movimiento de carga a escala global. A nivel mundial, este cambio conduce a modificaciones y variaciones en las políticas públicas, sin embargo, los marcos de diseño de políticas en la región típicamente se caracterizan por su letargo, su ritmo de movimiento extremadamente lento y, a veces, en una dirección anticíclica con respecto a las acciones internacionales. El sector de la logística del transporte de mercancías presenta muchos desafíos y una compleja agenda que demanda la acción y la coordinación entre varios sectores gubernamentales y privados. Por lo tanto, ¿cuán bien preparada está la región para sacar provecho de los cambios en el mercado? Además, ¿el sector está listo para evolucionar frente a las nuevas normas en la industria naviera y logística?

El transporte es un renglón que se reconoce como un componente crucial en el respaldo a las actividades económicas, además de ofrecer oportunidades para el desarrollo económico. La provisión de una infraestructura de transporte ha sido por mucho tiempo una prioridad común para los Gobiernos, ya que también desde hace mucho se cree que la región confronta carencias en esta área. En los últimos años, el Gran Caribe ha sido testigo de un crecimiento notable en el volumen del tráfico de contenedores, regido en parte por el desarrollo y la ampliación de la infraestructura portuaria. Dentro de este nuevo entorno, y en anticipación al crecimiento adicional del tráfico derivado de la ampliación del Canal de Panamá, el desarrollo de los servicios logísticos tiene en este momento que ser considerado como un empeño cardinal. Los análisis que se han realizado en el pasado han partido en su mayoría de una perspectiva meramente cuantitativa, refiriéndose a cuánto se ha crecido en la región, pero hay aspectos cualitativos que ameritan un análisis más profundo. En la mayor parte de los países del Gran Caribe, los costos del transporte son significativamente más altos que los aranceles tanto para las importaciones como para las exportaciones, y aún más para el comercio intra-regional. Estos costos, además, son bastante más elevados que los de los principales socios comerciales de la región, lo que conduce a una falta de competitividad. A un nivel más general, el Banco Mundial ha estimado que los costos logísticos regionales estarán entre un 16% y un 26% (como porciento del PIB), en comparación con la cota pronosticada por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) que es de aproximadamente un 9%. Estos costos representan al mismo tiempo, típicamente, hasta un 35% del valor del producto e incluso más para las empresas más pequeñas, comparado con un 8% en los países de la OCDE y un 10% en EE.UU. A ello se suma que las demoras en el despacho aduanal en toda la región provocan un aumento en los costos del transporte de entre un 4% y 12% más. El impacto de los costos logísticos en la economía más general, es decir, la productividad, los precios de los alimentos, el comercio y la pobreza, no es, por ende, insignificante.

La integración a la economía global sigue siendo un reto para la región del Gran Caribe, entorpecida por un enfoque tradicionalista con respecto a la exportación, unido a marcos legislativos y normativos inadecuados. Pese a su importancia, la región no ha colocado aún a la logística en el centro de las políticas competitivas nacionales y corporativas. El perfeccionamiento del desempeño logístico debe ser un objetivo político crucial, contemplando un mejor despacho aduanal, una infraestructura superior de transporte a través de puertos, conexiones internas y la disponibilidad de servicios logísticos avanzados, como algunos de los objetivos clave para la región. La meta debe fijarse más allá de la infraestructura y de los puertos, y centrarse en el desarrollo de aspectos normativos del comercio y la mejora de las competencias logísticas locales mediante asociaciones con inversionistas extranjeros. El enfoque con respecto a la producción, el comercio y el transporte ha evolucionado, y el reto que enfrenta ahora el Caribe es cómo conectarse a las cadenas mundiales de suministro y sacar el máximo a las oportunidades que presentan los centros globales de transbordo.

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